domingo, 11 de octubre de 2026

Mi anécdota de la elipse (2)

Tengo un terreno plano, con un cielo más o menos oscuro, en El Roble de Santa Bárbara de Heredia, desde donde, a veces,  hago observaciones astronómicas y se me ocurrió un día marcar en él una elipse.

Le pedí entonces a la persona que me ayuda a cortar el zacate que me asistiera para marcar la elipse, pero no le dije cómo sería el procedimiento ni el  resultado final (supongo que no lo sabía).

Me consiguió dos estacas de ciprés que clavamos firmemente, separadas entre sí 10 m, una cuerda con la que hicimos un lazo de 25 m de perímetro y una macana que haría las veces de lápiz, y comencé a trabajar.

En ese momento mi acompañante se hizo a un lado y decidió no ayudarme más.

Yo tensé el lazo y cuidadosamente procedí a hacer hendiduras en el zacate hasta completar la elipse.
El me miraba con asombro, como diciendo:
¿Qué está haciendo?
!No le va a salir bien!
¿No sabe que así no se marca una rueda?

A veces se reía cuando yo verificaba que las estacas permanecieran birn clavadas  en su lugar y el lazo tenso.

Finalmente, luego de dos pasadas y cuando la elipse ya se notaba bien, con una sonrisa burlona me dijo: 
“Tanto mate y no le quedó redonda”.

Aún no me he atrevido a darle una explicación, prefiero por ahora, dejarlo con su alegre y triunfal semblante.